martes, 15 de septiembre de 2009

Memorias de Túnez (VIII): últimas conclusiones



Cual americanos en Iwo Jima, hemos conquistado Túnez. Nos hemos enfrentado a todo tipo de peligros, sufrido penurias, caminado por el desierto bajo el ardiente sol, refugiado en oasis de montaña, enfrentado a los más temibles foragidos y demás vendedores, infiltrado en cada recodo de un país que nos era desconocido; y hemos salido airosos.

Ha sido un viaje para la memoria, algo inolvidable: para mí, por lo menos, no sólo por hechos concretos, como que era la primera vez que viajaba en avión o que salía de la Península Ibérica, sino también por lo que significa. Probablemente, para cada quien posea un significado distinto. Yo creo que es libertad, que es el paso del tiempo, tal vez lento, siempre inexorable. Son nuestras vidas avanzando, ocupando su propio lecho. Son nuestras mentes abriéndose y encontrándose con nuevas realidades.

Por ello, me gustaría recopilar en esta entrada todo lo que hemos publicado sobre el viaje una vez hemos vuelto, para que en el futuro nos sea más accesible. Como muchos sabréis, de ello nos hemos encargado dos personas: Zaira y yo; ella de narrar la aventura, yo de comentar las anécdotas. Allá vamos:

Túnez por capítulos:
Memorias de Túnez:

lunes, 14 de septiembre de 2009

La aventura mediterránea (II): Venecia tiene un color especiaaal


¡Ah! Venecia, Venecia, ¿qué decir de Venecia? Allí nos llevó el vuelo procedente de Madrid, allí entramos por primera vez al crucero, allí cenamos a las prisas y fuimos a visitar la ciudad ya de noche a causa del retraso.

Esa noche fue mágica. También es cierto que en el resto de sitios que visitamos nunca pudimos ver las urbes a la luz de la luna, pero no le quita mérito. A pesar de un pequeño primer lío con los vaporettos (básicamente tomamos el sentido erróneo y luego cuando corregimos el error tuvimos que bajar en una estación no planificada porque la línea cerraba), pudimos llegar hasta la Plaza de San Marcos. Y estaba prácticamente vacía. Tampoco era tan tarde, yo creo que el reloj aún no había marcado la una, pero en la que posiblemente es la plaza más famosa del mundo estábamos casi solos. Es una pena que las fotografías hechas por la noche salgan tan movidas.

Por la mañana, un pequeño madrugón, un poco de disfrute con el desayuno del barco y vuelta a la ciudad. El paseo en vaporetto me confirmó que aquella es una ciudad para visitar de día y de noche, porque posee, ¿cómo decirlo?, un ambiente, un aire, un color distinto. Cual von Aschenbach en la obra de Thomas Mann, me dirigí a San Marcos para visitarlo a fondo. Y aquí, llegado este punto, señores, es donde debo alabar fervientemente las maravillas de Internet. La cola para entrar a la Basílica de San Marcos era kilométrica, la del Palacio Ducal, ídem. Pero un servidor, merced a la pericia y astucia de sus tíos, tenía una reserva hecha a través de la red de redes, por lo que caminamos al lado de los estáticos (y probablemente irritados) turistas que habían decidido improvisar, y no pasaron treinta segundos antes de que estuviéramos dentro.

De la Basílica debo destacar la vista privilegiada sobre la plaza (desde allí tomé la instantánea que encabeza la entrada, por ejemplo), pero sobre el interior, a pesar de lo impresionante de ésta, guardo mejor recuerdo del palacio. Los frescos ocupando toda la pared, años y años de gobierno de un pueblo casi legendario allí encerrados, curiosos relojes de veinticuatro horas en los que las manecillas, paradójicamente, se movían "en sentido contrario a las agujas del reloj", la Scala d'Oro, el puente de los Suspiros... Próximo estuve a padecer el síndrome de Stendhal, me parece.

La visita posterior al Campanile, aunque obligada, nos dejó con el agua al cuello en cuanto a horario se refiere, si bien es cierto que las vistas eran impresionantes. Mas, como iba diciendo, el barco partía a las 15:30 y temíamos perderlo. No fue así, obviamente, y pudimos disfrutar del espectáculo en el Salón Broadway, la cena de blanco y negro en el Restaurante Miramar, el salón Rendez-vous y demás habitáculos con nombres dignos de un redicho de altura.

Podréis ver más fotos cuando publique una entrada centrada en ello. Por el momento, la cita de La muerte en Venecia ha de ser suficiente:

"Y entonces volvió a ver el más prodigioso de los desembarcaderos, esa deslumbrante composición de arquitectura fantástica que la República Serenísima ofrecía a las respetuosas miradas de los navegantes; la liviana magnificencia del palacio ducal y el puente de los Suspiros; las columnas de la orilla, rematadas por el león y el santo; el fastuoso resalto lateral del templo encantado, con el portal y el gran reloj en escorzo".

Actualización: Debe de ser que me hago viejo, porque no me explico cómo se me había pasado comentar la salida triunfal de Venecia. La situación, desde la proa de la embarcación, era perfecta: pasamos casi al lado de la plaza de San Marcos, ¡desde un crucero! Realmente las fotografías parecen un montaje, porque no parece posible poder sacarlas desde un sitio así. Atravesar Venecia de esa manera (que, a todo esto, es mucho más grande de lo que me había imaginado) es un privilegio. De película.

viernes, 11 de septiembre de 2009

John Dillinger o un gran protagonista para una película demasiado larga



Queridos lectores, sepan ustedes que por una vez en mucho tiempo he convencido a alguien, cosa que siendo yo no carece de mérito. El acontecimiento, como pueden sospechar, tiene que ver con la película Enemigos públicos. Para ejemplificar lo difícil de la maniobra de subversión en lo que a cine se refiere podemos entrar en antecedentes: se me hace difícil mencionar a Cocó el torpedo electronicó o a la para mí siempre infumable Expiación.

Pues señores, como anuncio en el título, posiblemente con lo que más he disfrutado ha sido con el carácter del personaje principal, que muestra esa superioridad, ese estar siempre un paso por delante y esa seguridad que comparte toda mi galería de favoritos, como Gandalf, Dumbledore o, por qué no decirlo, House (con el que además comparte la actitud chulesca). Sin embargo, estos rasgos se diluyen conforme avanza la película, y, en mi opinión, no se sabe llevar a cabo correctamente la "humanización" del protagonista, que acaba por parecer alguien distinto, desesperado y sin conexión con el primer Dillinger.

Por otro lado, a la historia se le dan demasiadas vueltas, lo que desemboca en una longitud exagerada que, según mi punto de vista, debilita el interés por parte del espectador. Por experiencia afirmo que a raíz de esto y con un poco de sueño puedes facilmente hasta quedarte dormido. Por suerte siempre habrá algún tiroteo pronto que nos despierte.


(imagen de www.cine365.com)

Sobre el resto de personajes no sé qué decir. Los únicos que tienen suficientes minutos como para sobresalir mínimamente o que me acuerde de ellos son el agente Purvis (Christian Bale), el antagonista; y Billie (Marion Cotillard), la amada. Es realmente una película centrada en Dillinger, lo cual no me disgusta, pero sin embargo sí que echo de menos una mayor, no sé, originalidad, en el personaje de Purvis, más que nada teniendo en cuenta que el filme tiene la duración suficiente para ello.

No obstante, no me malinterpretéis. Puede que no sea una película que vaya a recordar el resto de mi vida, pero es entretenida a pesar de la longitud, y tanto el principio, por mostrar ese Dillinger todopoderoso (recordemos por ejemplo el primer atraco al banco o cualquiera de las fugas), como al final, con la muerte del protagonista y la interesante escena final con la doña en la cárcel, son verdaderamente magníficos.

jueves, 10 de septiembre de 2009

La aventura mediterránea (I): segundos días nunca fueron buenos


Los que lleváis un tiempo por aquí recordaréis que en el viaje a Túnez la segunda jornada fue bastante... ajetreada. Primero, el restraso del avión (que podría llevar a considerar ése como el primer día), luego, la llegada a las 5:30 al archiconocido Hotel de los Botes y las desventuras subsiguientes, y más tarde el contemplar desesperados la lentitud del paso de las horas (el llamado día doble). Pues en cuanto a lo que a mí me concierne la tendencia se mantiene:

Como se puede ver en el seguimiento del viaje, la primera noche fue en tren. Esto de por sí tal vez no os diga nada, pero teniendo en cuenta el estado de las vías gallegas (por no decir la mieeeeerda de vías gallegas) y a un señor hermano despertándote en cada estación ("mira, estamos en Palencia"; "mira, estamos en Valladolid"; "mira, estamos en Ventas de Baños"...) el resultado es una noche sin dormir y un día con sueño y ojos rojos. Y esto, a las 8 en Chamartín. Coge un taxi a Barajas y ala, a esperar, que el avión no sale hasta dentro de un buen rato, aunque esto ya era de esperar. Pero por si no bastaba, el bichillo este se retraso. Reproduzco mis notas:

"Hemos llegado al aeropuerto entre las 8:30 y las 8:45. Son las 14:33. Seguimos esperando.

14:40. Estaba previsto que el avión saliera a las 13:50. Acaban de decir por megafonía que el avión saldrá dentro de una hora.

Subimos al vuelo de Pullmantur a las 15:55.

16:27. Avisan de que para el despegue hay que esperar 15 minutos por congestión del tráfico aéreo.

16:50. Empezamos a movernos.

17:04. Despegamos."

Empiezo a pensar que lo mío con los aviones es un gafe... Por el momento, sumo a la lista de profesiones diabólicas, en la que ya estaban la de peluquero y tractorista, las de controlador aéreo y piloto.

Y este fue, a resumidas cuentas, el segundo paso hacia Venecia y el buque Empress, un día de espera en el aeropuerto, de espera en el avión, y de prisas por la noche para ver un poco la ciudad, pero esta ya es otra historia diferente y, desde luego, mucho menos pesimista. Lo que está claro es que, como podría decir el refrán, segundos días nunca fueron buenos.

martes, 8 de septiembre de 2009

Hoy estoy... de vuelta en casa



Aunque todavía no conozco con precisión los horarios de este último día, puedo deciros que me despertaré en Madrid para coger un avión con destino a Lavacolla. Ha sido un viaje agotador, pero también un gran broche para este verano en que, por fin, he salido de la Península Ibérica e ido en avión (un total de cinco veces, que no está nada mal...).

El último retazo de Google Maps que veremos por ahora será el del recorrido por carretera que realizaré, por aire, en este día:

lunes, 7 de septiembre de 2009

Guaypaut: ¿pero esto va en serio?



De vez en cuando, cosas que tiene la vida, te topas con un programa sin pies ni cabeza. A mí me pasó el otro día, cuando haciendo zapping acabé en Telecinco, viendo este espacio que se podría definir como "la versión española de la versión americana de Humor amarillo".

En sí el programa era entretenido, aunque la Alcayde no tuviera gracia ninguna como presentadora, porque además de las típicas pruebas del programa nipón se sigue más a los concursantes, cosa que en el otro no ocurre cuando lo emiten aquí (más allá del archiconocido chino Cudeiro).

No obstante, a veces las imágenes de los concursantes y los letreros que ponen son para mear y no echar gota. Comprobémoslo con algunos ejemplos: por un lado, tenemos a un concursante llamado Pequeño pony que se pone a hablar de sus ponys de peluche, uno de los cuales lleva en la mano. ¡Ah! Si esto no es más que el principio.

El momento en que decidí que el programa merecía un post fue cuando, durante una de las pruebas, se pudo leer en la base de la pantalla lo siguiente: "Paco ha prometido enseñar un nuevo tanga si es el ganador" ¿Lo cualo? Pues tal como lo escribo. Más de uno debió de apagar el televisor aquí. ¿O es que se creen que por ver eso alguien va a decir: "uy, voy a ver esto que me interesa el tanga del engendro demoniaco". Además, el elemento subversivo este era de lo más capullín, algo perceptible cuando los demás intentaban superar la última prueba: "¡Ojalá se caiga" "¡Bien, sí, se cayó!" "Aún no he ganado, pero voy a enseñar mi tanga azul guaypaut" Mi mano no llegó al mando a tiempo. ¡Mis ojos!¡Mis ojos!.

Luego están los otros, los exagerados. Porque vamos, que antes de clasificarse para la ronda final salga un tal Chamo y diga que ganar "es mi sueño". Pero vamos a ver, hijo, que me digas "mi sueño es ganar el millón en el 50X15 y no tener que trabajar en mi vida" me valdría, pero ¿ganar en una mierda de programa que se emite en el late night y que sólo te dan 15000 €? Un poco corto de miras, diría. Pues imaginaos luego cuando no se clasificó: "es la mayor decepción de mi vida". Vamos hombre, a tomar el pelo a la calle. Pocas decepciones has tenido tú, me parece. Y las que te quedan... sobre todo si vas gritando por ahí "quiero ser famoso cueste lo que cueste". Por el momento, te ha costado tu dignidad. Además, total luego pasó a la final en la repesca y ganó el programa...

Y si las aspiraciones de este son escasas, imaginaos las de otra doña que se quedó por el camino y que salió lamentándose mientras un cartel rezaba: "El sueño de Amaloa era llegar a la fase final" Pffffff. Pfffff. ¿Fase final? ¿El sueño? Pero ¿qué me estás contando, alma de cántaro?Un concepto de "sueño" bastante ligero, ¿no? Manda narices.

Hoy estoy en... Atenas/Madrid



A las 07:00, con la llegada a Atenas (¡primera vez en mi vida!), el crucero toca retirada. Pero el viaje aún no ha terminado: la capital griega tiene muchas cosas que ver. A ello nos dedicaremos hasta la hora de partir. Sepan, pues, que el aterrizaje en Barajas del vuelo de vuelta (¡segunda vez en mi vida!) está previsto para las 22:35 (si pretenden calcular la hora de salida tengan en cuenta que Grecia en verano tiene UTC+3, mientras que en España es UTC+2). La noche la pasaré en la villa española, a la espera del regreso final.

La mayor parte del día, por tanto, la pasaré aquí: