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martes, 15 de septiembre de 2009

Memorias de Túnez (VIII): últimas conclusiones



Cual americanos en Iwo Jima, hemos conquistado Túnez. Nos hemos enfrentado a todo tipo de peligros, sufrido penurias, caminado por el desierto bajo el ardiente sol, refugiado en oasis de montaña, enfrentado a los más temibles foragidos y demás vendedores, infiltrado en cada recodo de un país que nos era desconocido; y hemos salido airosos.

Ha sido un viaje para la memoria, algo inolvidable: para mí, por lo menos, no sólo por hechos concretos, como que era la primera vez que viajaba en avión o que salía de la Península Ibérica, sino también por lo que significa. Probablemente, para cada quien posea un significado distinto. Yo creo que es libertad, que es el paso del tiempo, tal vez lento, siempre inexorable. Son nuestras vidas avanzando, ocupando su propio lecho. Son nuestras mentes abriéndose y encontrándose con nuevas realidades.

Por ello, me gustaría recopilar en esta entrada todo lo que hemos publicado sobre el viaje una vez hemos vuelto, para que en el futuro nos sea más accesible. Como muchos sabréis, de ello nos hemos encargado dos personas: Zaira y yo; ella de narrar la aventura, yo de comentar las anécdotas. Allá vamos:

Túnez por capítulos:
Memorias de Túnez:

jueves, 20 de agosto de 2009

Memorias de Túnez (VII): cómo saciar tu sed cuando estás en el Magreb



En Túnez, por si no lo habéis notado y/o leído, hace un calor de morirse. Esto implica la necesidad de beber una buena cantidad de líquidos. Pero, ¿cómo hacerlo en un país que te es desconocido y, tal vez, hostil? Señores, existen tres maneras: la normal, léase comprar botellines de agua; la gratis, léase ir al bar americano a por un capuccino o lo que gustes (para comprobar mi experiencia con los capuccinos puede leerse esto); o la ¿original?, que es la que vamos a comentar aquí.

Para empezar, quiero expresar mi insatisfacción por el hecho que demuestra la imagen que veis arriba: ¿cómo puede ser que un país que ni tiene horario de verano posea un tipo de Coca Cola que yo ni siquiera imaginaba? Por ello, decidí abstenerme y renunciar a probarla, ¡ha! En realidad lo que pasó fue que se marchaba el bus y no vi ninguna más... Pero bueno, basta de cháchara, basta de pequeñeces, basta de minucias, vomito sobre este refresco. Porque a la hora de la verdad, si quieres disfrutar de una buena original bebida, no tienes que hacer otra cosa que ir al auténtico e inimitable Hotel de los Botes.


Como no se ve todo, os lo describiré: la habitación era doble, y éramos tres. Menos mal que, en caso de necesidad, yo, al ser el único ejemplar de mi sexo, no tendría que compartir cama. A la vista se encuentran botellas medio vacías de diversos refrescos. En el baño, la bebida se sustituye por el champú, y las toallas hacen las veces de alfombras, adquiriendo a la vez la condición de usadas y sucias. El polvo, por doquier. Las toallas limpias, tras la queja, presentes sólo una vez que ya no son necesarias. La indignación, ubicua. Al menos en ese hotel sólo tuvimos que estar durante hora y media (5:00-6:30 a.m.), prorrogable media hora más en caso de que los del tour nos dejen tirados durante ese tiempo.

Para expresar lo que pienso, sólo palabras del conxuro reúnen las características adecuadas: ¡Fogar dos vermes e alimañas! ¡Cheiro dos mortos! ¡Pecadora lingua de mala muller casada cun home vello! ¡Averno de Satán e Belcebú! Si es que les daba así (esto último es aportación personal). Y pensar que hemos pagado por hora y media de semejante cabaña infernal...

lunes, 3 de agosto de 2009

Memorias de Túnez (VI): la estética tunecina



Yo, como bien debéis de saber, no soy ningún experto en estética. No obstante, que me aspen si lo que veis aquí arriba no es espeluznante. Los pelos como escarpias, oye. A lo que iba: hoy vamos a hacer un breve recorrido por los edificios, trajes y estampas más pintorescas, por no decir llamativas, de nuestro periplo nocturno por el Madrid más suburbial. ¡Ah, no, calla, que eso era en Luces de Bohemia! De nuestro viaje a Túnez, quería decir.

Bien veis la fotografía que encabeza esta entrada. Por suerte, está sacada desde el minibús: no llevaría bien el acercarme más a ese engendro. ¿Pero a qué alma enfadada con el mundo se le puede ocurrir pintar así su restaurante? Así le va, que no hay un ser viviente en tres hectáreas a la redonda, exceptuando claramente a las plantas, las cuales, al no tener vista, están adaptadas a este hábitat extremo.


Lo que muestra esta foto es, si tenéis buena vista, el paso del tiempo y cómo hasta los trogloditas se adaptan a las nuevas tecnologías: encima del patio, la antena perabólica y los paneles solares. Toma castaña. Si es que vivir en un agujero en la montaña ya no es lo que era. No os sorprendáis si, en un par de años, la señora no aparece hablando con un iPhone desde su jacuzzi mientras lee su correo en el portátil...

Por último, la ropa. En general, es la típica que todo el mundo puede imaginar. Sí, esa que hasta llevan en la playa a la hora de bañarse, desafiando a las leyes físicas y biológicas y, por qué no decirlo, al agradable calorcillo veraniego. Sin embargo, si nos dirigimos al museo de arte popular y nosequé paparruchas más de los jefazos de Tozeur, podemos encontrarnos con indumentarias que habría que vestir de la siguiente forma:


Por si os lo estáis preguntando: sí, yo también pienso que hay algo que no encaja. ¿Dónde carajo está la cara de la señora del dibujo? Espero que quien lleve eso puesto no sea solo inmune al calor, sino que disponga bien de rayos-X bien de la visibilidad suficiente a través del tejido para no pegarse el castañazo en todas las farolas, porque de lo contrario la cosa es ciertamente complicaílla.

Gracias por asistir a nuestro pequeño recorrido. Como dirían en Túnez, son cinco dinares.

miércoles, 29 de julio de 2009

Memorias de Túnez (V): el WTF! del cartel



En ocasiones, de manera fortuita, el ser humano tiene la suerte, o la desventura, de enfrentarse a acontecimientos históricos, míticos, inolvidables, tremedabundos, espectaculares, que superan con claridad sus expectativas y proyectos, su capacidad y su entendimiento. En Túnez yo sufrí uno de esos sucesos.

Iba un servidor caminando por Susa, alegre de su ignorancia y su existencia rayana en la normalidad, cuando, ¡oh, sorpresa! me encuentro con el cartel que encabeza la entrada. Creo que en aquel momento mi cara, cual espejo en forma de la mano de Fátima, adoptó los rasgos que el símbolo muestra.

¿Qué nos deparaba aquel lugar? ¿Sería la base secreta de alguna tribu enemiga? ¿Un ambiente cambiante, en el que cada día nada es igual que el anterior y te enfrentas a la sorpresa? ¿Un convento de monjas hermafroditas malayas y albinas que, no sabiendo qué poner en el cartel, lo dejaron de esta guisa? Porque, ¿quién, en su sano juicio, se gasta los dineros para esto? Ni siquiera aportó luz al asunto observar el otro lado del cartel, que es el siguiente:


¿Juegos del mundo? ¿Es que hay fútbol americano, petanca, origami y quidditch? A mí que me lo expliquen. O mejor, que me dejen con la duda, que seguro que la respuesta entrañaría tales misterios que preferiría votar al del nombre antediluviano antes que convivir con ellos.

jueves, 23 de julio de 2009

Memorias de Túnez (IV): pruebas empíricas sobre el agradable calorcillo del verano



"Pues parece que refresca". "¡Ponte la chaqueta, niño, que te vas a resfriar!". O ya puestos "Jonathan, no te metas pa' lo jondo". Estos son los típicos ejemplos de frases que NO oirá en Túnez. ¿Por qué? La fotografía que encabeza esta entrada lo muestra. Y ni siquiera se trató del peor día.

Mas esa afirmación merece ser apoyada con pruebas, las cuales, como anuncio en el título, están en mi poder. Son documentos gráficos obtenidos fortuitamente en días distintos que muestran los efectos de la exposición de sujetos humanos a altas temperaturas de manera prolongada. Me encuentro en la obligación de decirles que estas imágenes no son adecuadas para niños pequeños: pueden marcarlos de por vida. Abróchense los cinturones, que empezamos.


Mujer. 18 años. Se puede percibir a simple vista cómo trata de paliar, infructuosamente, los síntomas de la conocida enfermedad de "¡ay, que me va a dar un payá!".


Mujer. 17 años. La sintomatología, como se puede ver en su desesperado y frenético gesto, se encuentra en un estado mucho más avanzado. La esperanza de que no queden daños cerebrales es nula.


Mujer. 18 años. Observen el efecto del payá en los músculos faciales, los cuales se contraen y relajan a voluntad, dando lugar a fantasmagóricas e inhumanas muecas.


Mujeres. 18 años. La enfermedad priva a los sujetos de un comportamiento racional, llegándose a agredir entre ellos. Se ve además agravada por las dolencias mentales que poseían anteriormente a la exposición.

Definitivamente, las consecuencias de las altas temperaturas en el sexo femenino son desastrosas. No obstante, los experimentos han demostrado que en hombres potencia asombrosamente sus virtudes y reduce sus defectos de manera irreversible.

Actualización del 13/8/2009: esta entrada, junto con Del enigma de la hora tunecina, Memorias de Túnez (II): las filas del avión y "Las negras que vuelvan a la base", ha sido elegida en la encuesta motivada por la vigésima entrada del blog como la mejor hasta el momento. Cabe mencionar que en la encuesta sólo se recibieron cuatro miserables votos, correspondientes a las cuatro elegidas.

lunes, 20 de julio de 2009

Memorias de Túnez (III): reflexión histórica sobre el candado español


Dos aspectos sobre el título antes de empezar: el primero, este post no tiene nada que ver con la Historia, pero poner eso al lado de "reflexión" es como poner "resort" a un hotel, que queda bien y punto. La segunda, que el candado del que voy a hablar no es español sino de Estambul, pero mi manifiesto no entiende de países.

Dicen que el hombre es el único animal que se tropieza dos veces con la misma piedra. Yo me tropecé dos veces con el mismo candado. ¡Y qué candado! La cuestión, queridos amigos, es que durante nuestra primera noche en tierras tribales enemigas, en el Hotel de los Botes (hay que empezar a llamarle de alguna forma identificativa, ¿no?), me llevé un buen sobresalto. Mi maleta, dentro de la cual estaban prácticamente todos los menesteres de que disponía, optó por renunciar al diálogo como forma de comunicación conmigo. Que me entraron ganas de prenderle fuego, vaya. ¡Oh, por Dios, qué violento! Y una pata de cebra. ¿No va el candado y se cambia de combinación? Pero vamos a ver, ¿en qué clase de comedia ridícula a base de bromas de mal gusto se ha visto esto? ¡Un candado coge y ala, cágate lorito! Pues ponte tú a probar todas las combinaciones a ver cual es.

Pero esto no es todo. La maleta, a pesar de perder el primer asalto tras una encarnizada batalla, continuó presentando lucha, y unas noches más tarde repitió la jugada. ¡Dos veces! ¡Dos veces probé todas las combinaciones! ¡Las mil! Lo pondré con número que así parecen más: ¡Las 1000! ¡Y no se abrió con ninguna! ¡Mi ropa estaba ahí dentro! No quedaba otra: a fedellar en el candado imitando al otro. Echa mano del botiquín, coge las tijeras, a golpes con el cerrojo de las narices...

Al final lo conseguí. Y, obviamente, no volví a cerrar la maleta, porque no se podía, y además era imposible: la cremallera no había soportado el fragor del combate, y yo seré imbécil pero no tanto. Aprendí a base de golpes. Pero repito: jamás en mi vida se me habría pasado remotamente por la cabeza que el candado de la maleta iba a cambiarse solo de combinación. Nunca había escuchado nada parecido. Manda narices.

viernes, 17 de julio de 2009

Memorias de Túnez (II): las filas del avión


Aunque este tema ya ha sido tratado por encima por Zaira aquí, merece claramente una reflexión individual.

El día de autos (esta denominación se debe a que yo lo considero un delito) era la primera vez que viajaba en avión (sí, lo sé, qué paleto, ¿qué le voy a hacer?). Por tanto, esperaba que todo fuera como la seda, con tranquilidad y nada fuera de lo común. El error no podía ser mayor: ¿pero cómo demonios se las arreglaron para vendernos asientos de una fila que, sencillamente, no existía? Creo que en el mundo de los panolis como yo eso no sólo se llama over-booking, también es un timo como una catedral. Es como si yo le vendo una casa a alguien y al llegar le digo: ¡ah, si no la he construido!. Quédate con la de al lado, que todavía no han venido los dueños.

Quiso el destino que entrásemos de los primeros, pero la cara de los azafatos lo decía todo... Menos mal que la doña legítima propietaria de los asientos donde alegremente nos sentaron era de mente débil y no fue capaz de aguantar más de dos segundos la pesadez de charla que amenazaba con echarle (quienes me conocéis la comprenderéis).

Y me pregunto: ¿qué hubiera pasado si hubiéramos entrado de últimos y el avión estuviese lleno? Creo que en el baño sólo hay sitio para una persona... Y si eso no parece muy seguro, imagínanos sentados en el pasillo... Ahora pasaré a expresar mi indignación:

¡Albricias y zapatetas! ¡Qué desfachatez! ¡Qué ultraje! ¡Hacernos esto a nosotros, que hemos pagado como cualquiera! ¡Sucios petimetres! ¡Salvajes mequetrefes! ¡Excrementos regurgitados de camello en celo! ¡Criaturas ridículas de los abismos! ¡Esto debe de ser uno de esos conocidos ataques tunecinos de tribus enemigas! ¡Pedazo de cacho de trozo de mula en miniatura! ¡Peidos dos infernais cús (del conxuro se puede sacar cada insulto que....)! ¡Os daría así! ¡Vamos, y vamos, y vamos!

Ala, ya m'he desaogau. Os animo a uniros en los comentarios.

Actualización del 13/8/2009: esta entrada, junto con Del enigma de la hora tunecina, Memorias de Túnez (IV): pruebas empíricas sobre el agradable calorcillo del veranoy "Las negras que vuelvan a la base", ha sido elegida en la encuesta motivada por la vigésima entrada del blog como la mejor hasta el momento. Cabe mencionar que en la encuesta sólo se recibieron cuatro miserables votos, correspondientes a las cuatro elegidas.

miércoles, 15 de julio de 2009

Memorias de Túnez (I): el WTF! de la guía.



Con esta imagen empieza mi sección de reflexiones sobre nuestra aventura en el Magreb, ya que la narración corre a cargo de Zaira. Este suceso tuvo lugar nada más comenzar el viaje, de camino al primer hotel (de cuya calidad ya hablaremos), cuando me propuse aprender algunas palabras útiles en árabe. Y he aquí mi gran sorpresa cuando me encuentro que, en el apartado de palabras de uso frecuente, según la RAE "repetido a menudo", aparece entre "alto" y "camello" la expresión "ataque de una tribu enemiga". Esto así, ala, aún sin saber nada sobre ese pueblo que es el tunecino. La frase tiene su miga, y merece ser analizada con detalle:

  1. Ataque: "acción de atacar, perjudicar o destruir". Esto ya incluye la violencia, algo hacia lo que personalmente no tengo cariño.
  2. de una tribu: ¿pero esto no era en el África interior y en las selvas amazónicas, con los jíbaros reductores de cabezas y compañía? ¿Qué me estás contando? Yo con estos señores no quiero tener nada que ver...
  3. enemiga: tócate las narices. Si el ataque ya era chungo, ahora ya se mete en el saco a la vileza, la mala voluntad... Vamos, que por falta de hostilidad no va a ser.
Por tanto, en Túnez es común hablar de cuando un grupo de chalados viene y te corta la cabellera. Y todo esto en un momento en que la guía que tenemos demuestra no tener mucha idea (no es capaz de retener el nombre del conductor ni cinco minutos, al que apoda cariñosamente Paco). Vamos, que porque con las palabras que traía la guía no era capaz de decir "párate que yo me doy la vuelta", que entonces con los jíbaros violentos se las iba a ver uno que yo me sé. Por suerte para todos, el caso no pasó de lo anecdótico. Eso sí, se ganó a pulso un grande y sonoro WTF!?

martes, 14 de julio de 2009

Inauguración informal: ¿qué es esto?





Va a empezar, ya está aquí, lo que más te gusta a tí (parafraseando al Grand Prix de Ramontxu). Ha llegado el momento, tras una presentación formal en la que he tratado de arrojar cierta luz a la naturaleza de mi pseudónimo, un par de entradas que reclamaron mi atención, un viaje a Túnez, cuatro capítulos de The Big Bang Theory, dos de Harper's Island y uno de CSI, Life y El Internado, y una aparición estelar en la radio, de anunciar a los cuatro vientos la creación de Los Fantasmas del Paraíso, un blog que no es ninguno de los que entraban en mis planes y a la vez los es todos.

Me explico: desde hace unos meses la idea de llevar una bitácora me estaba rondando la cabeza, pero cuando me paraba a pensar en la temática llegaban las dudas: mi primera intención era la de un blog sobre televisión, mi gran pasión y pasatiempo; pero ese blog probablemente no sería aceptado de buen grado por la gente que me rodea y no comparte mi teleadicción, y estoy seguro de que mis contenidos no serían lo suficientemente numerosos y originales como para atraer un mínimo de demanda. Es decir, que no me leería ni el de arriba.

Mientras aún barajaba esa idea, me propuse aprender diversos aspectos sobre diseño de blogs y cosas así, y ante la dificultad e inmensidad de posibilidades, me dije: pues hay que hacer un blog de aprendizaje donde ensaye todas estas cosas. No obstante, nunca llegué a animarme.

La posibilidad de un blog sobre la experiencia del BI y los profesores es en realidad muy tentadora, y aún no está descartada, pero la complejidad de un blog en grupo, la escasez de material y los problemas de conciencia me lo pusieron difícil.

Finalmente, llegó ¡Mira! Zaira tiene un blog, que con su temática sobre la propia vida y, por qué no decirlo (emulando a Buenafuente), su éxito arrollador, me enseñó las bondades de este tipo de bitácoras.

Y así llegó el verano, y yo sin saber a qué dedicar mi blog, hasta que, cual Sabino Arana según el libro de Historia o Descartes según el de Filosofía, tuve una iluminación: crear un blog con mi pseudónimo, Los Fantasmas del Paraíso, en el que volcar mis aventuras, desventuras y cavilaciones, entre las que tiene un lugar especial la televisión.

Con esto espero que les halla quedado claro, bienqueridos lectores, doctos maestros en el arte del comentario, fuentes de toda sabiduría y ejemplos paradigmáticos de personas que emplean la agudeza mental, la hipnosis y/o la sugestión, manipuladores magistrales de la mente y del comportamiento, a qué clase de bitácora os enfrentáis en encarnizada batalla.

De anunciaros he que ya estoy preparando un par de entradas del tipo "televisión para amateurs" para que aprendáis a manejaros en la noble disciplina de ver la tele; y de deciros he que con esta entrada os propongo un reto: ¿seréis capaces, pequeños seres de las tinieblas, de descubrir a qué serie he hecho referencia en el párrafo anterior? No hay que ser un teleadicto para adivinarlo, pero tampoco os confiéis. Por supuesto, también guardo en la recámara varios posts sobre Túnez y la entrevista en Radio Obradoiro, así que estad atentos.

Espero que me sigáis con asiduidad, y que los comentarios (llamados aquí, en un ridículo alarde de originalidad, idas de olla) se multipliquen.

Los Fantasmas del Paraíso.

viernes, 3 de julio de 2009

Del enigma de la hora tunecina




¡Ah! Insaciable curiosidad la mía. La cuestión es que la doña de la agencia de viajes juraba y requetejuraba que en Túnez era una hora menos, y un servidor, con los datos de la Wikipedia en la mano, se empeñaba en que no.

En esto que pienso al ver los intrigantes datos de los vuelos: tate, que igual la Wikipedia está errada, o lo que es peor, herrada. Total (como diría la doña Cristina), que a cotejar los datos. Pero nada: en todas partes con el UTC+1, al igual que en nuestra querida patria.

¡Mas no! ¡No puede ser! Algo se nos escapa, Watson. En algunas de esas páginas indica la hora tunecina y, efectivamente, hallo que se trata de una hora menos. ¿Cuál es la clave del misterio? La respuesta aparece ante mi incrédula mirada al comprobar que los señores tunecinos no respetan los descubrimientos de ese padre de la patria americana que es Benjamin Franklin. Es decir, en una determinada página me lo confirman: "Ningún horario de verano".

Misterio resuelto, dirán. No se apresuren, contestaré. Y les diré por qué: en la Wikipedia, en la entrada sobre Túnez que les enlacé antes, sí afirman la existencia de un horario de verano. Un error, dirán. No se apresuren, contestaré. Y les diré por qué: haciendo este post, al investigar sobre el amigo Ben y el horario de verano, me he encontrado en esa enciclopedia libre el siguiente mapa, en el que se representan con color azul los países que han adoptado el mencionado horario. Y hete el brete en que me mete, Soledad Huete, ya que el dichoso Túnez aparece en tal color.

¿Entonces, Sherlock? Entonces, Watson, hallé una conversación muy interesante en la que llegan a conclusiones similares a las mías. Por ello, y dadas las pruebas físicas de los billetes de avión, concluiremos que fue el Profesor Mora con el candelabro en la cocina. ¿Cómo dice, Sherlock? Como digo, Watson, parece que la fiabilidad de la Wikipedia, a pesar de lo que indiquen los estudios, es menor de la esperada. El huso horario de Túnez es el mismo que el de España, mas es necesario atrasar el reloj. Paradojas de la vida, amigo, paradojas de la vida. Y, una vez resuelto el caso, vámonos que he quedado con Grissom.

Actualización del 13/8/2009: esta entrada, junto con Memorias de Túnez (II): las filas del avión, Memorias de Túnez (IV): pruebas empíricas sobre el agradable calorcillo del verano y "Las negras que vuelvan a la base", ha sido elegida en la encuesta motivada por la vigésima entrada del blog como la mejor hasta el momento. Cabe mencionar que en la encuesta sólo se recibieron cuatro miserables votos, correspondientes a las cuatro elegidas.