
"¡Ahora disponibles ordenadores con pantalla táctil
en el aula para hacer los tests!"
Sigamos donde lo dejamos: ya me encontraba inmerso, sin solución, en un universo que no alcanzaba a comprender, y en el que los nativos rendían culto a una especie de semi-dios al que llamaban Pantalla Táctil. Una vez identificado el peligro decidí presentarme a Pantalla, dado que sin su aprobación jamás podría completar La odisea de aprender a conducir.
De nuevo con el otro don entré en la pseudoescuela. Allí observé que los recién captados en su culto gozan de privilegio, pues, al haber sólo un sitio libre en las Pantallas y ser nosotros dos, la no-sólo-recepcionista ordenó a uno de los iniciados: "Ala, quítate de ahí, que ya has estado suficiente". Interesante. Poco más tarde, y tras unas palabras de uno de los que allí estaban, deduje que lo que en ese sitio hacen es lavar el cerebro a la gente: "¿Y qué quiere decir que le obstruye la herida? ¿Qué es obstruir?" O eso, o pertenecen a esa especie que no ha cursado el BI. Sí, esos a los que se les habla en monosílabos (sin intención de ofender a posibles lectores no-BI: no va dirigido a todos).
Pero aún faltaba que la Pantalla revelara su gran secreto, la razón por la que ningún alumno cometería nunca ningún fallo involuntariamente: el botón "ayuda". Sin penalización de algún tipo, cuando estás haciendo una pregunta basta con apretar el botón para que ante mis incrédulos ojos la Pantalla brinde, en apenas dos líneas, la solución al problema. Seguro que eso ayuda a comprobar el nivel de aprendizaje de los alumnos, sí señor, sin lugar a dudas.
Sin embargo, poco después tuve que abandonar la no-escuela (se supone que en una escuela dan clases, ¿no?), pues el tiempo apremiaba y Harry Potter me esperaba.